NO se PREOCUPE, DÉJESELO a DIOS

«Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal» ( Mateo 6.34 ). «Basta a cada día su propio mal».

Lamentablemente, la preocupación es un trabajo que uno no puede delegar, pero lo puede vencer. No hay mejor lugar para comenzar que en el versículo dos del salmo del pastor. Junto a aguas de reposo me pastoreará, dice David. Y, por si acaso lo hemos captado bien, repite la frase en el versículo siguiente: Me guiará por sendas de justicia.

Dios les daría lo necesario en su tiempo de necesidad. Dios nos guía. Dios hará lo que corresponde a su debido tiempo. ¡Qué diferencia hace eso! Puesto que sé que su provisión es oportuna, puedo disfrutar del presente.

Enfrente los problemas de hoy con la energía de hoy. No se fije en los problemas de mañana hasta mañana.  Aun no tiene las fuerzas de mañana. Ya tiene suficiente para el día de hoy.

La preocupación no es una enfermedad, pero causa enfermedades. Se la ha relacionado con la hipertensión, los problemas cardíacos, la ceguera, la migraña, los problemas de la tiroides y una gran cantidad de desórdenes estomacales.


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