Suelte las heridas emocionales

Vivimos en una sociedad a la que le encanta hacer excusas. y una de nuestras frases preferidas es: “No tengo la culpa". "Joel, soy una persona negativa porque me crié en un ambiente familiar no muy sano", me dijo un hombre.

"Mi esposo me abandonó y he sido rechazada, por eso siempre estoy deprimida", dijo una mujer en sus cuarenta. "Perdí a mi esposa, y simplemente no lo comprendo, por eso estoy tan enojado", dijo otro joven. No, la verdad es que estamos amargados y resentidos porque nos permitimos permanecer así. Todos hemos vivido experiencias negativas. Si busca muy bien, con facilidad podrá encontrar razones para estar malhumorado. Cualquiera puede hacer excusas y culpar su pasado por sus malas actitudes, por sus decisiones erróneas o por su mal carácter.

Tal vez tenga razones válidas para sentirse como se siente, puede ser que haya pasado por cosas que nadie merece experimentar en la vida. Quizá fue abusado física, verbal, sexual o emocionalmente; quizá ha lidiado con una enfermedad crónica o alguna condición física irreparable o puede ser que alguien se aprovechó de usted en algún negocio y perdió todo, así como su autoestima. No estoy minimizando esas tristes experiencias, pero si quiere vivir en victoria, no puede usar heridas emocionales del pasado corno excusa para los errores cometidos hoy. No se atreva a utilizar su pasado como una excusa para su mala actitud actual, o para racionalizar su falta de voluntad para perdonar a alguien. El cuarto paso hacia vivir su mejor vida hoy es dejar atrás el pasado.

Es tiempo de permitir que llegue sanidad a las heridas emocionales, de dejar a un lado sus excusas y dejar de sentir autocompasión. Es tiempo de deshacerse de su mentalidad de víctima. Nadie -ni siquiera Dios-- prometió que la vida sería justa. Deje de comparar su vida con la de otra persona, y deje de meditar en lo que pudo haber sido, debió haber sido o quizá hubiera sido. Deje de hacerse preguntas como: "¿Por qué esto?" o "¿Por qué aquello?" o "¿Por qué yo?". Mejor tome lo que Dios le ha dado y aprovéchelo al máximo.

Puede ser que haya sufrido mucho, sobrevivido grandes adversidades o vivido muchas cosas negativas. Es posible que tenga heridas emocionales muy profundas, pero no permita que su pasado determine su futuro. No puede hacer nada respecto a lo que le haya pasado, pero puede decidir cómo enfrentará lo que le queda por delante. No debe asirse de aquellos sentimientos de amargura y resentimiento y así permitir que envenenen su futuro. Deje ir esas heridas y dolores, perdone a las personas que le trataron mal y perdónese a usted mismo por los errores que ha cometido. Puede ser que incluso necesite perdonar a Dios. Quizá ha culpado a Dios por llevarse a sus seres queridos, o puede ser que esté airado con Él porque no contestó sus oraciones, o tal vez alguna situación no salió corno había esperado. Sin embargo, nunca podrá ser verdaderamente feliz mientras guarde amargura en su corazón. Siempre se estará revolcando en la autocompasión, siempre pensando que le tocó lo peor, pensando que la vida no ha sido justa con usted. Tiene que dejar a un lado esas actitudes negativas y el enojo que las acompaña, cambie de canal y comience a meditar en la bondad de Dios. Por Joel Osteen

1 comentario:

francoise dijo...

excelente reflexión, muy profunda y a la vez práctica

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